
Ischia ha estado habitada desde la preistoria y conserva escrita en sus piedras cuatro mil años de civilización mediterranea, desde el neolítico hasta la época del turismo de masa y de la globalización de los mercados. En diferentes localidades de la isla, especialmente en las zonas internas, han sido encontrados instrumentos de adoquín y oxidiana del III milenio a.C.. En la colina del Castiglione han sido descubiertos fragmentos de cerámica micena, fechados entre el siglo XV y el XIV a.C (edad del bronce) que prueban los nexos con el mundo egeo-analótico. En torno al 770 a.C. (edad del hierro) los griegos de la Eubea (calcídeos y eretrios) fundaron Pithekoussai. Esta colonia constituye el más antiguo estacionamiento griego de occidente, cruce del mundo antiguo de la Edad Geométrica, el alba de la magna Grecia.
Célebres documentos de la época son la Copa de Néstor, con sus tres famosos versos, que constituyen la fecha del nacimiento de la escritura alfabética (725 a.C. aprox.) y la Crátera del Naufragio, primer testimonio de pintura vascular en
el mundo occidental.
Luego los romanos cambiaron su nombre llamándola Aenaria, construyendo sus villas y valorizando sus aguas termanes, y en particular, las del manantial de Nitrodi, donde han sido encontrados varios bajorelieves que representan las ninfas de Nitrodi. Tras la desintegración del Imperio Romano, Ischia fue invadida por varios pueblos bárbaros que penetraron en Italia.
En la Edad Media, en una carta enviada al papa León III al emperador Carlomagno en el año 813, por primera vez Ischia es llamada “ínsula” (isla por excelencia), cambiando a Insla con el paso del tiempo. Luego Isla, Iscla y por último Ischia. Con el fin del ducado de Nápoles, la isla de Ischia corrió la suerte de Nápoles. Pasó bajo la dominación de los Normandos, de los suevos, de los angevinos y de los aragoneses. Tras la erupción del monte Tríppodi en 1301, los habitantes escaparon a la tierra firme y después de cuatro años se refugiaron en el islote del Castillo. Luego de
un período de oscurantismo en el siglo XVIII, la isla de Ischia recobró importancia con la nueva dinastía de los Borbones.
Carlos III llevó adelante una política de saneamiento social, tanto con la abolición del régimen feudal de los D’Avalos como con los edictos contra los bandidos dispersos por los montes de la isla. Con la primera reforma la isla de Ischia pasó directamente al Regio Demanio y fue administrada por governadores de nómina real que residían en el Castillo.
En marzo de 1799, en la época de la República Partenopea, los intelectuales de la isla, fundamentalmente sacerdotes de cultura iluminista, participaron activamente en el movimiento jacobino, pero las esperanzas de los patriotas fueron sofocadas en un baño de sangre. Bajo la dirección de Gioacchino Murat, los franceses ocuparon la isla y acantonados detrás de los muros del Castillo Aragonés hicieron resistencia a los ataques de la flora anglo-borbónica. En cambio, gracias a Ferdinando II de Borbone, fue construido el puerto de Ischia (que ya era un lago), inaugurato solemnemente el 17 de septiembre de 1854, así como la iglesia de Portosalvo y la carretera “borbónica”, que aún en la actualidad comunica varios centros urbanos en el interior de la isla.
Con la unidad de Italia el aprovechamiento intensivo de las aguas termales desarrolló un turismo de èlite en la isla, que se
concentró principalmente en Casamicciola, sede de importantes centros balnearios y termales, entre los que se destaca elMonte Pío de la Misericordia.
Por último, debemos recordar la fundamental obra de valorización turística, realizada en los años 50 y 60 por el Comendador Angelo Rizzoli, con la construcción del complejo hotelero-termal “Regina Isabella” y del hospital “Anna Rizzoli en el municipio de Lacco Ameno. La esperanza y el deseo, es de lograr proyectar el futuro, sobre la base de este riquísima memoria histórica, viva y palpitante en el presente ischitano.
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