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Historia de Nápoles

Los orígenes de esta espléndida ciudad se pierden en la noche de los tiempos y en leyendas fascinantes, estando estrechamente ligados a la historia de Pozzuoli y de toda el área de los Campos Flégreos. Los ajuares fúnebres descubiertos en Pizzofalcone sitúan el nacimiento de Nápoles en el VII siglo a.C. cuando los griegos colonizaron el golfo para dirigirse hacia los mercados minerales del alto Tirreno. A diferencia de los fenicios y los etruscos, los griegos fueron quienes dejaron las más profundas huellas de sus asentamientos y de su dominación en toda la costa partenopea. La función comercial y cultural de esta antigua colonia de la Magna Grecia fue muy importante para la Italia meridional. La zona se encontraba en continua efervescencia por la competencia de los pueblos vecinos y sólo con la victoria de los griegos siracusanos sobre los etruscos en Cuma en el 474 a.C. el núcleo se desplazó creando una nueva ciudad, más al interior, la actual Spaccanapoli, tanto por la seguridad como para favorecer el comercio con la zona del interior. Este nuevo asentamiento llevó por nombre Neapolis, es decir, ciudad nueva.

La importancia estratégica de Neapolis no podía pasar inadvertida a la atención de los romanos y en el  326 a.C. fue declarada colonia de Roma convirtiéndose después oficialmente en un municipio romano. Roma reconoció de todos modos la autonomía de la ciudad, la cual conservò inicialmente los trajes y la lengua griega y bajo esta dominación fue que Nápoles y toda la costa pasó a ser una de las ciudades más populosas de la entera región. En aquel clima moderado con tan maravilloso paisaje nacieron villas grandiosas no sólo en Nápoles sino también en Cuma, Pozzuoli y en la zona de Posillipo donde existen aún restos de importantes construcciones romanas.

Con la crisis del imperio romano la historia de Nápoles cambió notablemente y se vio caracterizada por períodos de fuertes invasiones. En el año 536 Justiniano, emperador del Oriente, envió a Belisario a conquistar la ciudad. En el 542 Nápoles fue invadida por los godos y luego en el 553 por los bizantinos. Después la ciudad tuvo que enfrentarse a enemigos fuertes y rudos como los longobardos y los vándalos. Tras un intento por lograr la independencia en el 615 que condujo a un gobierno autónomo de breve vida, el emperador de oriente acogió en el 661 las instancias de los napolitanos nombrando al duque napolitano Basilio como jefe de la ciudad. Durante los siglos del gobierno ducal Nápoles se enfrentó con frecuencia a los longobardos y a los sarracenos, y por este motivo recurrió a veces al apoyo de otras poblaciones llamadas como fuerzas mercenarias para ayudar a la defensa napolitana.

Fue el caso de los normandos a quienes fue concedido el feudo de Aversa en cambio de la resistencia a los objetivos expansionistas de Benevento. Pero a éstos, bajo la dinastía de los Altavilla, muy pronto no les bastó este papel, y dieron inicio a una serie de brillantes campañas que condujeron a la conquista de Sicilia, de donde expulsaron a los árabes, para extender después sus objetivos por sobre el sur de Italia. Rugero II se hizo proclamar rey ocupando varias áreas de la región, y en 1137, con un acuerdo con el duque Sergio, impuso de facto su poder en Nápoles. Al morir el duque Rugero reconoció amplia autonomía a la ciudad y nombró un supervisor.

En 1154 al morir Rugero fue sucedido por Guillermo I, soberano justo y sabio, y desde entonces la historia de Nápoles estuvo estrechamente ligada a la de Palermo. Después de él, Guillermo II, llamado el Bueno, gobernó con igual sabiduría, y al morir una asamblea de nobles, prelados y representantes del pueblo, para evitar que el reino cayera en manos de los alemanes, designó a Tancredi de Altavilla como su sucesor, pero al morir, el soberano alemán Enrique VI se apoderó de todos modos del sur de Italia.  Después de los 3 años que duró el reinado de Enrique VI ascendió al trono Federico II, por muchos considerado el más grande soberano que haya ocupado jamás un trono europeo.

Hombre de gran cultura, creó para su reino un fuerte poder central, reorganizó la administración pública, la justicia, el ejército, el comercio, se hizo protagonista de algunas empresas militares de éxito en Alemania y en Jerusalén, pero sobre todo debemos recordar que gustaba de estar rodeado por poetas, filósofos y letrados, regalando a la ciudad de Nápoles la primera Universidad de estado de la historia.

Al morir Federico lo siguió Conrado, que a su vez al morir cedió el paso a Conradino, quien por su poca edad fue apoyado por su tío Manfredo. En el año 1266 Carlos de Anjou, hermano del rey de Francia, venció a Manfredo y asumió la corona del reino del sur, convirtiéndola en la capital del reino. A pesar de una fuerte presión fiscal, con la nueva dominación la ciudad cambió su aspecto, surgieron espléndidas iglesias, construcciones monumentales, se desarrolló la artesanía y el comercio y la población creció desmesuradamente, de manera que Nápoles se convirtió en la primera metrópoli de Italia, probablemente la segunda sólo después de París en Europa. Tras la muerte de Carlos en 1285 fue su sucesor Carlos II, quien mejoró el patrimonio monumental de la ciudad revelándose también como un buen legislador.

En 1309 subió al trono napolitano Roberto de Anjou, llamado el Sabio, amante de las letras y las artes, quien creó un notable clima intelectual, promoviendo los estudios legislativos, la construcción de las Iglesias de Santa Clara (en la cual está su monumento fúnebre), y un gran florecimiento del estilo gótico (Iglesias de San Lorenzo, San Pablo Mayor, de la Encoronada, basílica de San Domingo Mayor). Luego de la muerte de Roberto (1343), la sobrina Juana creó no pocos problemas a la ciudad con sus comportamientos frívolos y dementes; en este período epidemias de peste, motines e incursiones húngaras atormentaron la ciudad. Después de cuarenta años de reinado el trono de Juana cayó en manos del sobrino Carlos Durazzo de Anjou, pero murió pocos años después. La estirpe de los Durazzo, rama secundaria de los Angiou, llevó al trono de Nápoles, después de Carlos, al joven Ladislao y a su muerte la hermanana Juana, quien al igual que su homónima antepasada, se dedicó más a las intrigas amorosas y a los escándalos que a las actividades de gobierno. La dominación angevina terminó en 1442 con la victoria de Alfonso de Aragón, a quien siguió su hijo Fernando, con quien toda el área de Nápoles vivió una notable valorización agrícola y comercial.

En el 1503 comenzó para Nápoles el período de los virreyes que duró más de dos siglos hasta la cesión al imperio de Austria en 1713 al cual siguió el reino borbónico. El período del virreinato se reveló pésimo para la economía pero fructífero para la cultura tanto en el campo de la literatura como en el de la jurisprudencia. La arqueología alcanzó fama internacional con el descubrimiento de Herculano y Pompeya en el año 1709.

La victoria de Garibaldi sobre los borbones selló el paso definitivo de Nápoles al reino de Italia, sumiendo la ciudad en penosas condiciones económicas y sociales, aliviadas sólo en parte por los ingresos producidos por las corrientes turísticas extranjeras. A partir de la segunda guerra mundial, que provocò muertes y destrucción en el patrimonio habitacional y artístico, Nápoles ha seguido la historia contemporánea de Italia, y a pesar de los enormes problemas sociopolíticos que padece, sigue siendo una de las ciudades más bellas y fascinantes del mundo.