Es un monumento al aire libre, definido como un pueblo fantasma, habitado sólo por recuerdos e impresiones, que conserva su dignidad en las cosas simples y en la fragancia de lo antiguo. El poblado se encuentra sobre una baja colina a los pies de los montes Alburni; fue abandonado a inicios del siglo pasado como consecuencia de dos ordenanzas promulgadas por el cuerpo de ingenieros civiles que imponían la evacuación del pueblo por el peligro de desprendimiento de tierra. Se encuentra casi intacta la estructura urbanísitica con sus edificaciones, capillas señoriles, casas pobres otrora habitadas por los campesinos, así como una iglesia que se remonta al siglo XVIII. Hoy en día es posible revivir la historia de este burgo a través de las fotos históricas así como de tantos objetos de la vida rural conservados en el museo de la casa campesina, establecido en los locales reestructurados de la vieja alcaldía.
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