
Prócida es sin dudas la menos conocida pero seguramente la más genuina y característica de las islas partenopeas, donde el tiempo parece haberse detenido décadas atrás, permitiendo al turista percibir una extraña e irreal sensación, sobre todo si se tiene en cuenta que se encuentra en el centro del golfo de Nápoles.
La isla posee un especial encanto y es capaz de ejercer una auténtica seducción, despertando el interés de muchos intelectuales y artistas de fama nacional e internacional.
Prócida es un raro fragmento de civilización mediterránea original que ha sobrevivido a un mundo moderno y globalizado que parece haber perdido el sentido y la noción de la autenticidad, una franja de tierra donde la naturaleza y la historia han concentrado una enorme mole de memoria que salta a la vista en los callejones, en los portones de las casas y en las bodegas, e incluso, en el rostro de la gente.
Es difícil describir su belleza y su autenticidad en tan sólo unas líneas. Sería necesario pasear por sus callejuelas y por sus
estrechos callejones para lograr entender a fondo la realidad de esta isla; mas una cosa es cierta, y es que en la mayor parte de los casos quien la conoce se enamora de ella a primera vista.
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